
Tuve un sueño húmedo con mi mamá que me dejó hecho mierda…
Anoche tuve uno de esos sueños largos y enredados que parecen durar horas. La mayor parte era una locura, pero una de las tramas se volvió tan real y tan jodida que me desperté con la verga durísima.
En el sueño discutía con mi mamá por una tontería enorme: íbamos a ir a cenar a un restaurante y de último momento se jodió la reservación. Yo me puse en plan víctima y la culpé a ella por no haberlo confirmado bien. Mamá se molestó visiblemente. En vez de buscar otro lugar, regresamos a casa con la tarde arruinada. Yo seguía enfadado y haciendo cara de mártir.
Pero para ella la tarde no estaba arruinada en absoluto.
De repente la vi llamando a su novio. Le dijo que al final sí podía salir a cenar. En un momento me invitó a ir con ellos, pero yo, todavía molesto y con orgullo herido, le dije que no. Ella solo respondió con un frío “pues haz lo que quieras” y dejó de insistir.
Ahí cambió todo.
Se metió a su habitación y empezó a arreglarse. La vi de reojo cambiándose: se quitó la ropa normal y se puso un vestido mucho más sensual, de esos que se le pegan al cuerpo y marcan todo. Luego la vi preparando lencería en la cama: las bragas negro que ya conozco, ligueros, medias… todo. Me puse nervioso y, como entre nosotros hay cierta confianza, le pregunté directamente qué diablos pensaba hacer.
Ella me miró sin ninguna vergüenza y con una frialdad que nunca le había visto y solo dijo:
—“Divertirme.”
En ese momento cambié completamente de actitud. Le dije que sí quería ir con ellos, que había cambiado de opinión. Ella me contestó que no. Le rogué. Le dije que por favor me dejara acompañarlos. Ella seguía fría, casi indiferente. Sabía perfectamente lo que iba a hacer y sabía que yo también lo sabía.
Terminé suplicándole que al menos me dejara observar. Que me dejara ver. Solo ver.
Ella me miró un segundo y dijo que no. Su rechazo fue tan seco, tan humillante, que me sentí pequeño, insignificante y… ridículamente excitado.
Al final se fue. La vi salir por la puerta, guapísima, oliendo rico, con ese vestido que apenas le tapaba los muslos. Subió al coche del novio y se fueron.
Yo me quedé solo en casa.
Lo último que hice en el sueño fue agarrar las bragas que se había quitado antes (las que traía puestas todo el día) y pajearme como loco con ellas en la cara, oliéndolas mientras imaginaba todo lo que le iba a hacer su novio esa noche.
Me desperté corriéndome de verdad. Sentir que ella prefiere mil veces irse a que la follen que pasar tiempo conmigo, su frialdad y rechazo, es tan… cruel.