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Antes de empezar con el siguiente relato, quisiera contarles sobre mí para ponerlos en contexto, me llamo Wendy GV, nací un 5 de febrero del año 2000, tengo 26 años recién cumplidos, soy bajita (1.56 mts), peso 52 kg, mis medidas son 85b 58 85, aunque he adelgazado un poco, mis piernas y mi culito siguen siendo mi atractivo principal. 

Tengo piel clara (obvio la tengo rosita), actualmente tengo el cabello súper largo, color castaño oscuro, mis ojos son de color café oscuro, tengo una mirada tierna y de acuerdo a muchos hombres, aún tengo cara de niña, nunca he sido de excesos, bebo solo un par de copas, no fumo, no uso drogas, solo me gusta coger mucho. 

Vivo en Estados Unidos desde hace más de 3 años, aquí trabajo como escort para una agencia VIP, soy mexicana de corazón, allá empecé a coger desde los 16 años, durante toda la preparatoria tuve muchas aventuras sexosas desde mi primera vez con mi novio de la escuela y es precisamente por donde quiero empezar a contar mi historia. 

Los tres relatos anteriores fueron como una larga introducción para explicarles mi sentir en ésta transición de ser una chica tranquila, ñoña y bastante tímida a volverme putita descarada que salía a la calle en busca de hombres calientes para que me aplacaran este deseo enorme por coger y bueno, hoy les voy a compartir mi evento canon, mi primera vez con un maduro. 

Aclaro que no es mi intención promover el sexo con menores, solo cuento mi historia justo como pasó, yo me volvi una chica sumamente sexosa y todo lo que les cuento en estos relatos, pasó porque yo misma lo busqué, les dejo saber que todos los nombres de mis amantes y de los lugares que sean mencionados en estas historias han sido cambiados por obvias razones. 

Al final del relato les dejaré mi correo electrónico por si quieren escribirme, saludarme, decirme algo lindo o lo que ustedes quieran, espero que les guste acompañarme en este viaje delicioso lleno de aventuras prohibidas, pecados, secretos, confesiones y la historia de esta puta sexosa que les escribe, acompáñame… 

-DIEGO, MI PRIMER MADURO. 

Ya con una actitud más atrevida y dispuesta a todo, me gustaba coquetearle a cualquier hombre que me llamaba la atención, me inventaba cualquier pretexto para salir, iba a la papelería o a la tienda y estaba atenta por si mi mamá necesitaba cualquier cosa. Al salir de casa muy discretamente acomodaba mi ropa, subía mi falda o mi short con tal de mostrar más mi culito y mis piernas, procuraba ir lo más lejos posible, sabía bien en qué calles había muchos hombres que me morboseaban súper rico. 

Poco a poco me iban reconociendo, cada vez era más común ir saludando a todos, me encantaba ver las caras que hacían al verme, a veces sin que lo esperaran, volteaba a verlos, solo para descubrir cómo me veían el culito, obvio yo me movía como puta al caminar. Pero como los miraba coqueta ya ni lo disimulaban, empezaron a hablarme y a invitarme a salir, pero aún me costaba aceptar sus invitaciones, a pesar de que mostraba una actitud rebelde, todo quedaba en veremos, ellos ya eran señores entre los 40 y 60 años. 

Un buen día me fui al gym, como iba lejos mi mamá me prestaba el coche, debía estar en casa antes de las 5 pm como siempre, esa tarde mientras entrenaba, algunos hombres se me acercaron para ayudarme a hacer mejor los ejercicios y proponerme otras rutinas. Obvio yo exageraba mis posturas para dejarlos verme bien, que rico era ver como se les ponía dura, aunque trataban de ocultarlo, al terminar de entrenar me di un rico baño y me cambié, salí del gym antes que otros días, iba a llegar unos 15 minutos antes de la hora. 

Ya era una tradición en casa comer con mis papás, debía volver puntual, sobre todo si quería que me dieran permisos para salir, siempre fui una hija obediente, muy pocas veces me pasé de la hora, en esos casos siempre les avisaba para que estuvieran tranquilos. Iba manejando de regreso, escuchando música, sin saber que estaba a punto de conocer a un hombre que me cambiaría la vida, se trataba de Diego, un maduro de unos 50 años, amigo de mi papá, se dedicaba a vender todo tipo de artículos de billar. 

Mi papi tiene un intenso amor por el billar, es un ávido jugador de carambola y ha participado en muchos torneos en la ciudad, Diego le llevó unos tacos desarmables que le habían llegado, mi papi ya tenía muchos, pero le encantaba jugar y coleccionarlos. Además, un nuevo torneo venía y mi papi quería participar con algo nuevo, ambos estaban en la entrada de mi casa platicando, llegué y mi papá me lo presentó, era alto, flaco, de piel clara, usaba lentes y tenía un pronunciado bigote, se parecía a Ned Flanders. 

—Hola Wendy, es un verdadero placer conocerte, oye Roberto, no mentías, tu nena es preciosa— dijo mientras estrechaba mi mano sonriente, después aprovechó que mi papá se cargó mi mochila para verme de pies a cabeza, yo le correspondí con una sonrisa al darme cuenta. Yo traía puesta una licra rosita y un top blanco sin ropa interior, obvio todo se me marcaba, iba recién bañada con el cabello algo mojado, entramos a casa para ver lo que traía, mi papá por delante, Diego todo un caballero me cedió el paso, entré a casa moviéndole mi culito. 

Sabía que venía viéndome por detrás, se acomodaron en la sala, él traía un par de maletas cuadradas no muy grandes, las puso en la mesita y al abrirlas, traía muchos “tacos”, todos desarmables, la mayoría eran muy hermosos y otros muy simples. A mi papi le gustan los diseños clásicos, tomó los que tienen la base color café oscuro, algunos en color negro y otros en azul marino, obvio yo estaba ahí con ellos, Diego y yo intercambiábamos miradas, le coqueteaba cada que podía y me giraba para dejarlo verme bien. 

Nos explicó de qué madera estaban hechos, los sacaba de la maleta y nos los pasaba para verlos, mi papá estaba emocionado, yo trataba de seguirles la plática, aunque no tenía ni idea de lo que hablaban, pero por cómo me veía Diego, quería estar ahí. Como no aportaba nada a la charla, le ofrecí algo de tomar para poder verlo fijamente y coquetearle, sonriente me pidió un vaso con agua, fingiendo estar apenada caminé a la cocina y me detuve discretamente en el pasillo, parándole bien mi culito, sin que mi papi se diera cuenta. 

En la cocina serví el agua y antes de regresar, me acomodé la licra jalándola más hacia arriba, quería que me viera bien, como no traía ropa interior debajo, mi culito y mi vulva se marcaron muy rico, llegué con las bebidas, Diego se dio cuenta enseguida. Le di el vaso con agua, mientras lo bebía, le pregunté a mi papá cual taco iba a comprar, pero me giré para que Diego me pudiera ver bien, mi papi le dijo cuales tacos quería, haciéndole énfasis que necesitaba los 3 lo más pronto posible porque el torneo era en dos semanas. 

Diego le dijo los detalles y el precio, cerraron el trato de inmediato, con la promesa de que se los llevaría a casa el próximo viernes, en tres días los tendría listos, mi papi iba a subir a su recámara por dinero y me pidió quedarme a charlar con Diego, obviamente acepté quedarme ahí con él, cuando subió las escaleras, nos miramos un poco serios, pero sabiendo que algo iba a pasar. 

—Caray preciosa, que bonita estas— me dijo en voz baja, mientras se acercaba, yo le sonreí, su cara de pervertido me encantó. 

—Date la vuelta mi amor, déjame ver bien ese culo precioso— me dijo, apenas susurrando, sus gestos y su mirada me provocaban, me tomó de la mano y me giró, después me sujetó de la cadera, yo lo dejé moverme sin poner resistencia, en eso sentí que empezó a sobar mis pompis sin que me lo esperara, A pesar de mi sorpresa, no lo detuve, con ambas manos sobaba mi culito, me incliné sobre el sofá y su mano se coló a mi vulva. 

Sobándome muy rico sobre la tela, yo me mordía los labios para no gemir, pero era muy difícil, me costó mucho controlarme, Diego era todo un experto, buscó mi clítoris entre mis labios, empezó a darle pequeños apretones, mi respiración se aceleró como nunca.  

—Relájate princesa, nos pueden escuchar— me dijo en voz baja y tapó mi boca con su mano al notar que estaba a nada de gemir. 

—Que rica estas mi amor, mira como me pusiste— me dijo susurrando y tomó mi mano para ponerla sobre su verga. 

—¿Y ahora?, ¿Cómo le vamos a hacer?, ¿No me vas a dejar así verdad? — me dijo con una voz muy intensa, ya la tenía súper dura, subió sus manos para apretar mis tetas. 

—Pídele permiso a tu papá, dile que vas a salir, te espero en la esquina, solo sera un momento— me dijo con esa voz caliente, acepté su propuesta, me soltó y me dio un beso, tomé mi mochila y corrí a mi recámara, mi papá venía de regreso con el dinero. Busqué ropa limpia, una minifalda y una blusa, me quité la licra, estaba empapada por mis jugos y me puse unas pantis muy chiquitas, me vestí lo más rápido que pude, las ansias me tenían como loca, arreglé mi cabello y me retoqué un poco el maquillaje. 

Ya estaba terminando de arreglarme cuando escuché que la puerta se abrió, Diego ya se retiraba, debía salir muy rápido, me asomé por la ventana y con señas me dijo que me esperaba en la esquina, muy rápido me puse a pensar en algún pretexto para salir, en eso mi mami entró a mi recámara. 

—Oye hija, puedes ir por las tortillas, se me olvidó comprar y no tenemos— me dijo mi mamá, ya casi era hora de comer, ya pasaban de las 5 y la única tortillería abierta estaba lejos, tenía unos 15 minutos para ir con Diego así que terminé de arreglarme, mi mamá me dio el dinero y le dije que iba a tardar un poco por la hora y porque tenía que ir lejos. 

Salí lo más rápido que pude, iba caminando nerviosa porque no sabía lo que me esperaba, solo quería cruzar la puerta, llegué a la esquina y no vi a Diego por ningún lado, me esperé unos segundos ahí, buscándolo discretamente pero no estaba. Empecé a enojarme, pensando que mi mala suerte hacía de las suyas de nuevo y que ya se había marchado dejándome con muchas ganas, en eso, sentí los brazos de alguien tomarme por la cintura y jalarme hacia atrás. 

—Wendy, chiquita, te ves bien rica con esa falda— me dijo al oído, abrazándome por la espalda justo en medio de mi frustración, al escuchar su voz, me sentí aliviada al tiempo que me pegaba a su cuerpo. 

Empezó a manosearme sin pudor, apretando mis bubis con una mano y la otra queriendo entrar por debajo de mi falda, yo trataba de detenerlo porque estábamos en la esquina, la gente pasaba y si mis vecinos nos veían, podrían decirles a mis papás. Pero no podía detenerlo, como loco me tocaba por donde quería, su mano bajó desde mi abdomen hasta los bellos de mi pubis, me recargó su duro paquete en mi culito, esa sensación me encantó y empecé a moverme para acomodarlo bien entre mis pompis. 

Así con él detrás de mí, caminamos abrazados a su camioneta, subimos y me preguntó si teníamos tiempo para divertirnos, le dije que tenía que ir a comprar tortillas, algo lejos de ahí y que tendríamos unos minutos, aceleró y me llevó hasta allá. Llegamos súper rápido, bajé a comprar y ya de regreso encontramos una calle donde estaban estacionados algunos camiones, se estacionó y tomándome de la cintura me acomodó sobre de él, sus manos entraron bajo mi ropa, me tocaba por donde quería. 

Estaba muy nerviosa porque era la primera vez que estaba así con un hombre, sus manos me acariciaban mientras le movía el culo, me pidió ponerme de frente a él, me giré como pude y me acomodé sobre sus piernas, rápidamente subio mi falda y mi blusa. Chupaba mis tetas mientras apretaba mis nalgas, yo solo me dejaba querer por ese hombre, me tenía a su disposición, su respiración agitada ya me tenía bien caliente, de pronto me pidió hacer algo por él, algo que nunca antes había hecho. 

—Mi niña, quiero que me chupes la verga— sus palabras me dejaron helada, al verme supo que no tenía idea de cómo hacerlo. 

—¿No sabes hacerlo mi vida?, no te preocupes, ahorita aprendes— yo haciendo pucheritos lo miré indecisa, me apartó sobre el asiento y se desabrochó el pantalón, bajándolo a sus rodillas, sobre su pelvis, se notaba un bulto grande bajo su trusa. 

—Mira, primero tienes que tocarlo, sácalo sin pena— me dijo, tímidamente metí mis manos bajo su trusa siguiendo sus instrucciones, sentí un buen trozo de carne, la saqué, estaba gruesa, color carne con la cabeza rosada, en su tronco tenía unas venitas muy tenues. Lo sujeté muy torpe con mis manos, él me miró con una sonrisa lujuriosa y mientras lo tocaba, me besó con mucha pasión, me dijo como empezar a masturbarlo, obvio era muy torpe para hacerlo, corregía mis movimientos, trataba de hacerlo con cuidado. 

—No, no preciosa, no aprietes tanto, debes ser más cuidadosa, debes sujetarlo con cariño— me dijo mientras daba un brinquito, supongo que me ganaba la inexperiencia al tocarlo. 

A pesar de que ya había cogido con dos chicos, era la primera vez que sujetaba una verga de esa manera, obvio no sabía hacerlo bien, continué masturbándolo, siguiendo sus indicaciones, como tenía la ropa alzada, empezó a sobar mis tetas y bajó hasta mi vulva. Me besaba mordiendo mis labios, su respiración se agitaba cuando apretaba mis manos, me decía entre besos que no lo maltratara, al separarnos miraba su verga rosada, poco a poco se me fue antojando probarla, como si fuera una paleta de carne deliciosa. 

—Listo preciosa, ya es hora de que pruebes la verga caliente de un señor— me dijo como si me leyera la mente. 

—Dale unos besitos de piquito, empieza por la cabecita y ve bajando por el tronco— me inclinó despacio sujetándome del cuello, obediente accedí a su petición, empecé a besar ese trozo de carne venoso y caliente justo como me lo pidió, no me lo podía creer, era la primera vez que estaba así con alguien, nunca le había hecho sexo oral a nadie y esa era la primera verga que mi boquita probaba. 

A pesar de todo eso, estaba dispuesta a complacerlo y hacer todo lo que me pidiera Diego y gozar de ese momento, mientras le daba besitos por todas partes, Diego se estiraba para sobar mis pompis, yo estaba de rodillas sobre el piso de la camioneta. 

—Ahora abre la boquita, métela poco a poco mi amor, dale lamiditas como si fuera una paleta de carne— me pidió y sonriente le obedecí, metí su glande en mi boca, tenía un sabor salado como a sudor y olía a talco, de a poco empecé a disfrutar ese sabor y la textura de su piel. 

Tal como me lo indicó, con mi lengua rodeaba los bordes de su cabeza, eso lo hacía cerrar los ojos y retorcerse de placer, me acomodé sobre el asiento, ya estaba demasiado caliente chupando esa verga, obviamente quería hacer más cosas con Diego. Mientras yo lo complacía, él me acariciaba, acomodaba mi cabello, me veía y apretaba los ojos cuando mi lengua rosaba su glande, le daba besitos, lo lamía, mi boca se volvió su guarida, de pronto ese sabor salado me encantó y no quería parar de chupársela.

—Trata de metértela un poco más, a ver hasta dónde te entra— me dijo y la metí a mi boca obediente, apenas me cupo la mitad, continué tratando de meterla lo más que podía, provocándome arcadas y esos sonidos de glo glo glo, que cortaban mi respiración. 

—Acaríciame los huevos, sóbalos con cuidado— me pidió, nuevamente obedecí, mi saliva ya escurría por su tronco y bajaba por su escroto. 

—Deberías probarlos princesa, pero hazlo con cuidado— me dijo, nuevamente obedecí, saqué la lengua para lamerlos, estaban hinchados y calientes, lo hice un poquito para complacerlo, pero continúe chupando su verga, lo estaba disfrutando un poco más que él. Y no lo digo porque no sabía hacerlo, el sexo oral desde ese día se volvió algo indispensable para mí, una de las cosas que más disfruto hacer, minutos después su celular sonó, era mi papá, Diego me dijo que no hiciera ruido y contestó, algo estaba mal, mi papá le pidió volver. 

—Bueno preciosa, yo creo que habrá que pararle aquí, tenemos que ir a tu casa— me detuvo acariciando mi cabello un poco triste. 

Le di unas últimas chupaditas y nos acomódanos la ropa, ya de regreso pasamos a la tienda a comprar unos chicles y algo de tomar, aproveché para limpiarme la cara y me acomodé el cabello, nos mirábamos sonrientes por las cosas ricas que habíamos hecho. 

—Preciosa Wendy, pásame tu número, tenemos que terminar lo que empezamos— me dijo entre besos, obvio se lo pasé, llegamos a la esquina de mi calle y nos dimos otro beso con las últimas caricias, se quedó esperando ahí mientras entraba a casa.

Mi mamá me preguntó por qué había tardado tanto, sonrojada le dije que como ya era tarde, había mucha gente y tuve que esperar, dejé las tortillas en la mesa y subí para cambiarme, había dejado bien mojadas mis pantis y no quería que los olores me delataran. Tomé un short chiquito y entré al baño para limpiar mi vulva empapada, al terminar me puse el short y me quité los tenis, mientras me cambiaba escuché que Diego entró a casa, bajé y estaba sentado en la mesa platicando con mi papá, se quedaría a comer. 

Le ayudé a mi mamá a atenderlos, cuando le dejé su plato a mi papá, puse mi culito frente a Diego, sentí su mano apretar mis pompis muy rico, después me senté al lado de mi mami, intercambiaba miradas con él durante la comida, mientras ellos platicaban. Discretamente subí mi pie entre sus piernas para sobar su verga aprovechando que el largo mantel nos cubría, Terminamos de comer y mi mamá fue a preparar el café y mi papi entró al baño dejándonos solos para besarnos súper rápido. 

Se quedó un par de horas más, tomamos café y platicamos muchas cosas, mirándonos con complicidad y con ganas de más, ya por la noche se marchó, cuando me acosté a dormir, nos mandamos algunos mensajes, sinceramente pensé que ya no lo vería. Me respondía los mensajes cortante y frío, me hizo pensar que talvez mi inexperiencia lo aburrió, los días pasaron, yo continué con mi actitud rebelde, estar así con él, hizo que en la preparatoria dejara en paz a los chicos de mi edad, ahora me gustaba coquetearles a los maestros. 

También a los papás de mis amigas, sobre todo a don Helías, el papá de Sofía, era con el que más se me antojaba coger, un jueves por la tarde mi tio Joel llamó porque estaba haciendo una remodelación en su casa y quería que mi papá lo ayudara. Habría cervezas y asado, obvio mi papi con mucho gusto aceptó, él y mi mamá se irían el viernes por la mañana y volverían el sábado, yo no pude acompañarlos por la escuela, me iba a quedar solita, al salir de clases les pregunté a las chicas si salíamos o si hacíamos algo. 

Todas tenían planes con sus novios, no me quedó de otra más que irme a casa sin tener algún plan para pasar la tarde, justo estaba por llegar a casa, al ir caminando pensé en salir a la calle a mostrarme, al fin no había nadie, podría salir sin problemas. Llegué y me bañé súper rápido, estaba emocionada por la idea de toparme a un maduro de esos que me veían en la calle, busqué algo corto y provocativo, mi celular sonó, era mi papá, me dijo que Diego iba pasar más tarde a dejar los tacos. 

Me explicó todo lo que le había encargado y me pidió darle el dinero, estaba guardado en su recámara, yo feliz le dije que sí, ya no tenía que salir, sabía que Diego no se iba a resistir si llegaba a casa y yo lo recibía usando algo que le volara la cabeza. Escogí un short cortito, de esos que me ponía solo para dormir y una blusa cortita de tirantes, sin ropa interior y mi cabello suelto, pensé en ponerme unas calcetas, pero mejor dejé mis pies desnudos, solo con unas sandalias, me puse cremita y un perfume riquísimo. 

Al ponerme el short, lo subí mucho, marcando mis labios y mi culito, sentía la tela rosar con mi clítoris al caminar, sin brasier, mis pezones se marcaban en la delgada tela de mi blusa, estaba convencida que Diego no iba a tener de otra más que cogerme. Me miré al espejo, era la primera vez que iba a seducir a alguien, sinceramente me veía muy puta, me sentía hermosa y segura de mi misma, bajé a esperarlo en la sala, pero con el pasar de los minutos me invadieron los nervios, las ansias me hacían temblar. 

Sentía escalofríos recorrer mi cuerpo erizándome la piel, mi corazón latía acelerado, pensé en mandarle mensaje, pero no lo hice, se lo dejé al destino, como si mis ansias fueran una señal y estuviera presintiendo lo que estaba por pasar esa tarde en mi casa. Por fortuna no espere mucho, apenas estaba lidiando con mis inseguridades cuando sonó el timbre, muy nerviosa me levanté a abrir, al salir al patio me detuve a respirar un poco para calmarme, ya más tranquila abrí esperando ver su reacción al verme. 

La impresión en su cara cuando me vio vestida así fue mucho más de lo que esperaba, aunque me saludó discretamente, creo que no sabía que mis papás no estaban, muy emocionada lo invité a pasar, al cerrar la puerta me miraba de pies a cabeza. Apenas le dije que estaba solita, se abalanzó sobre de mí, comiéndome a besos, me manoseaba muy rico y trataba de quitarme la ropa, le dije que entráramos a la casa, me cargó y entramos, se sentó en el sillón conmigo en sus brazos, nos besamos unos minutos. 

Sobre su regazo con tiernas caricias tocaba mi vulva y mis tetas, despacio me quitó la blusa y el short, yo no me resistí, me desnudó en segundos, sus manos me tocaban por todas partes, después las bajó a mi entrepierna para jugar con mi humedad. Empecé a gemir, sus dedos me tenían toda intensa, abría mis labios buscando mi clítoris, sorprendido me mostró su mano empapada, metió sus dedos en mi boca, dándome a probar mi sabor delicioso, continuó, pero esta vez metió sus dedos en mi vagina. 

Mis gemidos se intensificaron con sus movimientos, en segundos me tenía gozando mucho más que mis amantes anteriores, un enorme placer empezó a recorrerme, obvio lo iba a dejar que hiciera conmigo lo que quisiera, no podría negarle nada. Con sus dedos dentro de mi vulva, aceleró sus movimientos, mi cuerpo se retorcía por tanto placer, él me decía como debía tocarme, quería hacerme gozar al máximo, poco a poco esa sensación creció hasta el punto en que me vino un delicioso orgasmo. 

Con la respiración entre cortada, sin poder gritar, me solté a mis emociones, él me miraba mientras los espasmos me sacudían. Después de unos segundos me calmé, él me acariciaba tratando de tranquilizarme, empecé a llorar, estaba impresionada. Por fin, después de dos malas experiencias supe lo que era un orgasmo, lo abracé, lo besé y le pedí discretamente que me hiciera suya, era mi manera de agradecerle por regalarme esa increíble experiencia, sabía que, me haría mujer al cogerme como él quisiera. 

—Claro que te voy a coger mi amor, hoy vas a ser mía completamente— me dijo y volvió a besarme muy intensamente por unos minutos, después me acomodó en el sillón y se levantó, claro que me iba a coger, pero me dijo que primero tenía que complacerlo mientras se quitaba la camisa. Su cuerpo estaba algo fornido, los pelos blancos en su pecho ya delataban su edad, después de quitarse la camiseta, desabrochó su cinturón. 

En ese momento y como si me hubieran cambiado el chip, lo detuve, quité sus manos y yo le desabroché el pantalón que cayó hasta sus tobillos, empecé a sobar su verga sobre la trusa, él acariciaba mi cara, nuestros ojos estaban conectados, así como nuestras ansias. 

—Anda, ¿qué esperas?, ¡chúpamela ya! — me dijo ansioso, obvio que lo iba a hacer, además me moría de ganas, bajé su trusa, su verga dura saltó y la atrapé con mis manos, empecé a darle besitos por todas partes como me dijo la otra vez. Pero ahora traía el vello bien recortado, apenas metí su glande a mi boca y empezó a moverse como si me quisiera coger por ahí, me concentré mucho para no reír de nuevo con los sonidos de mi boca, me la metía más de la cuenta provocando mis arcadas. 

—Respira y contrólate, poco a poco te irás acostumbrando— me dijo, yo me tenía que alejar porque sentía que podía vomitar, seguí sus consejos, respiré profundo y continuamos, cada vez me la metía más y más adentro, podía sentir el calor de su piel en mi cara, cerré los ojos tratando de aguantar, él me echaba porras, después me la sacaba y lo volvía a hacer, así una y otra vez. 

Mi saliba escurría por mi barbilla, él la atrapaba y me la restregaba en la cara, todo lo que me hacía era nuevo para mí y talvez era demasiado intenso por mi poca experiencia, pero muy rápido le agarré el gusto, me encantaba como me cogía por la boca. Seguimos un buen rato de esa manera, se detenía y me la sacaba, me pedía chupar sus huevos, mientras se masturbaba. Me estaba haciendo gozar con todo eso, me pedía sacar la lengua y me daba golpecitos con su verga o me la pasaba por la cara. 

Después me levantó y me acomodó en el sillón, levantó mis piernas y empezó a comerse mi vulva que devoraba con locura, me lamía por todos lados, yo me retorcía por tanto placer, tomó mi cadera con fuerza y me levantó un poco para chuparme mejor, era muy complicado quedarme quieta, con su boca me estaba llevando hacia otro orgasmo, pero ambos queríamos más. 

—Bebé ya quiero cogerte— me dijo, yo estaba más que lista, apenas le respondí con un poco de pena aceptando su propuesta. 

—Pídemelo Wendy, anda, dime que quieres que te coja— me dijo y me tomó de la barbilla levantando mi cara, yo hice silencio. 

—Anda, hazlo, no te voy a coger hasta que me lo pidas— no sabía cómo hacerlo, obvio ya me moría de ganas, reuní el valor y me animé. 

—Me puedes coger, por favor— se lo pedí casi susurrando y nuevamente bajé la mirada muy apenada por cómo me miró. 

—¿Qué dijiste?, no te escuché, ¡pídemelo bien, que se noten esas ganas! — me dijo con una voz de mando y volvió a levantar mi carita. 

—¡Cógeme, dame tu verga!, ¡dame con todo lo que tengas! — se lo exigí como si despertara a la puta que vive en mí y me miró sonriente. 

—Mi amor, necesito que te mentalices, te voy a coger mucho— con esa advertencia, me levantó orgulloso de su alumna, me abrazó y me besó como aligerando la tormenta que venía, nuevamente me arrojó sobre el sillón, yo me acomodé y abrí mis piernas, pero en vez de subirse, me tomó de la cadera, me giró y me acomodó con el culito bien paradito, totalmente expuesta a él. 

Se acomodó detrás de mí y me pasó su verga por toda mi vulva, abriendo mis labios con su glande, yo empecé respirar fuerte, como si me estuviera preparando para ser usada por ese semental, me la metió poco a poco, sentí como se abría paso dentro de mi vagina, con leves movimientos me la fue metiendo hasta que sentí como mis nalgas se pegaron a su pelvis, se quedó quieto y mi piel se erizó. 

—Uy mi amor, que rica puchita tienes, siento como si me hubiera puesto un guante— me dijo y empezó a moverse, haciendo que mi respiración se agitara, yo no pude contestarle, solo podía gozar, cada que me la metía la sentía hasta el fondo, empecé a gemir, con la cara pegada al sillón, sus manos apretaban muy fuerte mi cadera, aceleramos el ritmo, nuestra piel empezó a tronar al chocar nuestros cuerpos, yo pasé de los gemidos a los gritos, él al tenerme así bien empinada, empezó a darme nalgadas por la intensidad que sentía. 

—Así princesa, gózala toda, que hermoso culo tienes— me decía, mientras mis manos apretaban la tela del sillón sintiendo sus embestidas, aceleramos el ritmo, me daba unas deliciosas nalgadas y jalaba mi cabello, sentía como apretaba mi cadera para acelerar el ritmo, mis gemidos lo pusieron como loco y me penetraba con fuerza. 

No tardé nada en tener otro orgasmo que fue mucho más intenso que el primero, mis espasmos hicieron que me la sacara, yo no pude controlarme, como si me estuviera convulsionando me recosté en el sillón, apenas podía respirar, me sentía en el paraíso. Al irme tranquilizando lo miré y él veía orgulloso su obra, sabía muy bien que me estaba cogiendo maravillosamente, ya más tranquila me levantó y volvió a besarme, como tratando de hacerme sentir mejor, pero yo estaba en la gloria y quería más. 

Se sentó en el sillón y nuevamente me monté sobre él como en su camioneta, me pegué a su boca agradecida por esa tarde, mientras nos besábamos tomé su verga para masturbarlo, él apretaba mis tetas y mordía mis labios, yo reía por toda esa felicidad. Después acarició mi cara, yo lo miraba deseosa de más, así que sin decir nada, me la acomodé y me la metí poco a poco, moviéndome lento hasta que me entró toda, estaba un poco adolorida por los orgasmos, me acomodé bien y empecé a moverme. 

—Muévete hacia adelante y hacia atrás, o como si trataras de hacer círculos con la cadera— me dijo y obediente lo intenté, para mi sorpresa, al moverme así tallaba súper rico mi clítoris con su pelvis y sentía su verga restregarse por dentro de mi vagina. Una sensación como de querer hacer pipí me invadió, al decirle que estaba por orinar, me dijo que no me detuviera, empezó a moverse rápido, lo que provocó que a gritos tuviera otro orgasmo mucho más intenso y que mis jugos salieran a chorro. 

No lo supe en ese momento, pero había tenido mi primer “Squirt”, gracias a la experiencia de ese hombre maduro y delicioso, de hecho, me tuvo que sostener porque sentí que me iba a desmayar, todo mi cuerpo me temblaba, él me acariciaba para calmarme. Al terminar, sin fuerzas nos acostamos de cucharita en el sillón, me pegó al respaldo, levantó mi pierna y se acomodó aprisionándome con su cuerpo, me la metio de golpe y continuó cogiéndome, yo solo me dejé querer, ya no tenía fuerzas, podía hacer conmigo lo que quisiera. 

Él siguió cogiéndome fuerte, después de unos minutos más, aceleró y sus gemidos se intensificaron, supe que estaba a nada de correrse, aceleró y se vino dentro de mi vagina, sentí el calor de su explosión mientras gemía como loco y me apretaba fuerte. Al terminar de jadear nos quedamos así unos minutos, me abrazó y sin sacármela, me daba besos en los hombros y la espalda, ambos estábamos satisfechos, me la sacó despacio, me giró y volvimos a besarnos, empapados en sudor nos quedamos ahí abrazados como un par de novios. 

Descansamos hasta casi quedar dormidos, pero el sonido de su celular nos despertó, no le quedó de otra que contestar, se levantó y mientras hablaba empezó a vestirse apurado, creo que era una emergencia, colgó y me dijo que ya tenía que irse. Le pregunté si no se podía quedar, tenía muchas ganas de volver a coger, pero me dijo que era un asunto muy importante, me dio un beso y me dijo que, sí le daba tiempo, volvería por la noche y se quedaría conmigo para cogerme hasta cansarse. 

Entró al baño y yo me levanté para buscar mi ropa y me vestí, pensé que ya era muy tarde, pero apenas pasaban de las 6, cuando salió del baño, me dijo que conservara el dinero que dejó mi papá y que no me preocupara porque ya tenía la vasectomía, me abrazó y nos besamos, enseguida sentí como se le ponía dura mientras me tocaba, no quería irse, pero tenía que hacerlo. 

—Gracias por cogerme tan rico, ay Diego, la pasé de maravilla— le dije sonriente, estaba muy feliz y después de otra sesión de besos, se marchó, me quedé parada en el marco del portón viendo cómo se alejaba ese hombre delicioso que me había cogido tan rico. 

Entré a casa y abrí la ventana para que se ventilara la sala, subí con muchos esfuerzos, nunca me había sentido tan agotada, tomé ropa limpia y me desnudé, mi short estaba manchado por un líquido extraño, al revisarme noté que su semen salía de mi vagina. Rápido entre al baño a enjuagarme, pero antes de abrir la regadera mis manos tocaron ese líquido viscoso que salía de mí, lo miré, lo olí, tenía un aroma fuerte, una textura rara, tal vez por estar mezclado con mis jugos, entre más me tocaba, más me salía. 

No sé por qué, pero no pude evitarlo y lo probé, tal vez por estar mirándolo entre mis dedos, su sabor era fuerte, pero me gustó, lamí mis dedos hasta que ya no me quedó nada, me quedé pensando en todo lo increíble que había experimentado esa tarde. Abrí la regadera y empecé a bañarme, tomé la regadera de mano, me enjuagué bien mi vulva hasta que ya no me salió nada de lechita, salí del baño, me sequé bien y me puse ropa limpia, ahora si me puse ropa interior, unos leggings, una playera y unos tenis. 

Tomé mi tapete de yoga y me puse a estirarme para que se me quitara lo adolorido del cuerpo y que mis papás no sospecharan, ya casi eran las 8 de la noche, salí a comprar algo para cenar, aunque no sabía si Diego volvería a casa o me quedaría sola. Salí de casa bien tapada con una chamarra, pensando que hacía frío, pero apenas caminar unas calles me acaloré y me la quité, se me antojó una hamburguesa o unos tacos, cerca de la casa se ponían algunos puestos ambulantes de comida por la noche. 

Compré unos tacos y pasé a la tienda por un refresco y unas frituras, el tendero me veía mientras me decidía por mi botana, podía sentir como me miraba, al llegar a pagarle me invitó a salir esa noche, tuve que decirle que no porque me vería con Diego. Aunque su linda mirada me gustó, además, sabía que yo le gustaba porque no era la primera vez que me invitaba a salir, obvio ahora era distinto y por cómo me sentía en ese momento, le pasé mi número y quedamos de salir en otra ocasión. 

Para buena suerte de Erick (el tendero), Diego me canceló esa noche y tuve que ir a quitarme las ganas en esa tienda, en el siguiente relato les contare sobre Erick, ese tendero caliente que me cogió varias veces en su tienda y en su vivienda. Con Diego ya no me volví a ver, no sé qué le pasó, planeamos vernos muchas veces, pero un día ya no respondió los mensajes, incluso le pregunté a mi papá por él, pero no supo a donde se fue, claro que siempre le voy a estar agradecida por cogerme tan rico. 

Diego fue el primer maduro que me usó de una manera deliciosa, el que me enseñó las maravillas del sexo y del orgasmo, él fue el primero en este largo camino de amantes que he tenido y siempre lo voy a recordar con mucho cariño. Espero que les haya gustado este relato y los espero en el próximo relato, les mando muchos besos y que no se les olvide que yo soy y seré por siempre suya… Wendy GV.

 

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u/Old_Table_6476 — 23 days ago